miércoles, 24 de octubre de 2018

[Mis Ejércitos] Miniatura Scifiman 28mm

Otra miniatura acabada que será usada para partidas de Necromunda o para partidas de Rol.






jueves, 11 de octubre de 2018

[Mis Ejércitos] Karl Jerico y Scabbs


En esta ocasión os paso las fotos del binomio de Jericó y Scabbs, una pareja de cazarecompensas para usar en partidas de Necromunda.





Salva Rosselló

sábado, 8 de septiembre de 2018

[Historia] Honderos Baleares




Una de las tropas consideradas de élite en la antigüedad, son los Honderos Baleares.

Estas unidades en unas ocasiones lucharon junto a los romanos y en otras contra ellos.
Los Honderos Baleares eran famosos en todo el mundo antiguo por su destreza en el uso de la honda, un arma muy sencilla pero terrible en manos expertas, ya que eran capaces de una gran precisión, llegando a hundir cascos y corazas de metal.
El alcance de la honda podía llegar hasta los 100 metros de distancia.
Todo aquel que osase amenazar las tierras baleares era recibido con una lluvia de piedras que a menudo se traducía en el abandono de la ocupación.



El origen de los honderos baleares

No está aclarado de dónde proceden las primeras colonizaciones de las Islas Baleares, pero se cree que debieron llegar en torno al IV milenio a.C.
Sí que se sabe que las gentes que inmigraron en momentos posteriores procedían de Fenicia y Focea (Líbano y Turquía actuales)

La primera vez son mencionados es en las narraciones de las guerras sicilianas. (600 – 265 a.C.), que enfrentaron a los griegos contra los cartagineses, por el control de la isla de Sicilia y el Mediterráneo occidental


La fama de los honderos baleares

Decia el historiador Diodoro de Sicilia de los Honderos Baleares que: “utilizando esta arma son capaces de arrojar proyectiles mayores que los lanzados por otros honderos y con una fuerza tan grande que parece que el proyectil ha sido lanzado por una catapulta. Por ello en los ataques a las ciudades son capaces de desarmar y derribar a los defensores que se encuentran en las murallas y, si se trata de combates en campo abierto, consiguen romper un número enorme de escudos, yelmos y toda clase de corazas“.


Campañas en las que combatieron los Honderos de las Baleares

Los cartagineses los usaron en muchas ocasiones en sus ejércitos.
Aníbal, llegó a usar hasta 2000 honderos en las primeras filas de sus formaciones, para hostigar los scutum romanos y romper sus formaciones.
Está táctica se realizaba debido a su armadura ligera, compuesta por un simple escudo redondo, por lo que podían moverse avanzando y retrocediendo, según interesase las distancias.

Esta armadura ligera consistía en un escudo forrado con piel de cabra y una espada corta, que algunos historiadores la han denominado como falcata degenerada.

Los Honderos se colocaban en primera línea, pero dejando espacios abiertos entre ellos, ya que necesitaban este espacio para voltear la honda con comodidad y sin golpear a los compañeros.

Después, se retiraban con facilidad entre las líneas de infantería que les precedían y dejaban a estas que entraran al choque para el combate de cuerpo a cuerpo contra sus enemigos.


Los Honderos Baleares eran exclusivamente mercenarios.
Cobraban en especies, más concretamente lo que solía faltar en las islas: mujeres, aceite o vino. Rechazaban las monedas, ya que en las islas se usaba el trueque.

Entrenamiento de los Honderos Baleares

Los honderos baleares aprendían a manejar la honda desde que era muy pequeños. Además, debían buscar permanentemente la perfección en su uso.
El primer juguete que el padre daba al hijo, era justamente una honda.

Se cree que las madres, una vez el niño ya tenía cierta habilidad con la honda, colocaban su comida en los árboles y no dejaban que los niños comieran hasta que la derribaban.
Esta historia se sigue contando en las Islas Baleares hoy día: […]Y las madres señalaron a sus hijos más pequeños, en ayuno, el arte de tirar; ya que ninguno de ellos probará el pan con la boca si antes, con piedra precisa, no acierta un pedazo puesto sobre un palo como blanco[…]



Las hondas

Los honderos baleares solían llevar consigo tres tipos de hondas diferentes.
Una de las creencias es que una de ellas se la ataban en la cabeza, la otra en la cintura y la tercera la llevaban en la mano, para diferenciarlas. Aunque también hay historiadores que afirman que las llevaban en la cintura.

El motivo de llevar tres hondas, era por:
- Una era para lanzar proyectiles grandes. Medía aproximadamente un metro de largo, lo que permitía cubrir una distancia de 300 a 400 metros.
- La segunda se usaba para arrojar proyectiles con mayor precisión. Su medida era la misma distancia que había del pulgar al hombro del hondero. Llegaba a una distancia intermedia, de 50 a 150 metros.
- La tercera honda se utilizaba para los lanzamientos a distancias cortas. Su longitud era de la misma medida que había entre el pulgar y el bíceps del hondero. Su efectividad estaba entre los 30 y 50 metros

Las hondas eran fabricadas con fibra vegetal trenzada (ver video al final), sobre todo de lino o esparto o bien se fabricaban con crin de caballo o nervios y tripas entrelazadas de algún animal.

Los proyectiles o glandes, eran de mediano y pequeño tamaño. No eran piedras, ya que las fabricaban ellos mismos y eran de plomo o de cerámica de forma elíptica, que se hacían en moldes.
En cambio, los proyectiles para largo alcance, utilizaban cualquier piedra de tamaño adecuado que recogían del mismo campo de batalla.
En casi todos los campos de batalla de la Antigüedad descubiertos en España, así como en muchas ciudades asediadas, se han encontrado innumerables proyectiles de este tipo, lo que prueba el uso generalizado de esta clase de armas en toda la Península Ibérica y no sólo en las islas Baleares.

Se debe tener en cuenta que la honda era un arma barata y muy fácil de hacer y, es posible, que los guerreros íberos armados con lanzas y espadas, también la llevaran alguna de corta distancia, como arma secundaria.

La honda tiene una larga tradición en España y, en la actualidad, todavía la utilizan los pastores de Castilla y Extremadura.


Los honderos baleares en el ejército romano

Los romanos conocieron bien a los honderos baleares, antes de la conquista de Hispania, ya que se habían enfrentado a ellos en varias ocasiones durante las guerras púnicas bajo las órdenes de Aníbal, Asdrúbal y Amílcar.

Los honderos baleares comenzaron a formar parte de las tropas auxiliares del ejército romano con Julio César en la conquista de la Galia. De hecho, en sus proyectiles estaban inscritas las palabras Caesar Imperator.

En la conquista de Britania, en torno al año 55 a.C., los honderos baleares se usaban para hostigar a los britanos desde las cubiertas de los barcos romanos cuando se acercaban a la orilla.

El tiempo que los romanos tardaron en conquistar las Islas Baleares por completo es una señal de la férrea oposición y defensa que hicieron los honderos baleares ante ellos.
Quinto Cecilio Metelo “Balear”, tuvo que forrar sus barcos con pieles y cuero para que no se vieran afectados por los ataques de los honderos que lanzan proyectiles sin piedad desde la playa.

Con la llegada de Augusto y la paz del Imperio, los honderos baleares y sus grandes habilidades dejaron de ser necesarios.

Además, todos los productos y bienes por los que combatían los honderos como mercenarios, comenzaron a llegar a las Islas a través del comercio, por lo que las hondas quedaron relegadas al ámbito del pastoreo.


Vídeo de los Honderos Baleares


domingo, 26 de agosto de 2018

[Historia] La VIIII legión Hispana


De la Legión VIIII Hispana podemos encontrar mucha especulación, pero relativamente de poca información certera.

 

La creación de la legión VIIII Hispana y sus primeros años

Tiene su origen, como en la mayoría de las legiones, en el periodo de guerras civiles que fueron causa del final de la República romana.

La VIIII Hispana es una de las unidades del ejército de Julio César que utilizó para la conquista de las Galias entre los años 58 y 51 a.C. Más tarde, participó en las campañas militares del emperador Augusto en el territorio noroccidental de la península Ibérica (29-19 a.C.) habitado por cántabros y astures.

A la finalización de esta campañas, sobre el año 19 a.C., la VIIII Hispania marchó la frontera de Panonia (provincia romana que incluía territorios de las actuales Hungría, Austria, Croacia, Serbia, Eslovenia, Eslovaquia y Bosnia-Herzegovina).
De su estancia en el Danubio destaca la participación de la VIIII en el amotinamiento de tres legiones estacionadas allí tras el ascenso al trono del emperador Tiberio en el año 14 d.C.

En el año 20 d.C., la VIIII Hispana fue transferida a la provincia de África como refuerzo de la legión III Augusta, para reforzar el contingente militar durante la rebelión del númida Tacfarinas (20-24 d.C.).
Su estancia se prolongó hasta el año 24 d.C., tras lo cual regresó de nuevo a la provincia de Panonia.

 

Los títulos y el emblema de la legión VIIII

La legión VIIII dispuso de diversos títulos a lo largo de su historia.
Se sabe que, a través de diferentes inscripciones y noticias, esta unidad tuvo el epíteto de VIIII Triumphalis derivado, seguramente, de su participación en un triunfo militar celebrado en Roma por Julio Cesar en el año 46 a.C.
Esta designación fue sustituida más tarde por el título de VIIII Macedónica, debido, posiblemente, a la intervención de la unidad en la batalla de Farsalia en el año 48 a.C. o en la de Filipos en el 42 a.C.

Fue durante su estancia en Hispania cuando la legión VIIII adoptó el título de Hispaniensis (‘estacionada en Hispania’), designación que fue modificada finalmente por VIIII Hispana (‘oriunda de Hispania’), muy probablemente tras su marcha de esta provincia hacia Panonia.

Por lo que respecta al emblema de la legión, aunque no se tiene ninguna evidencia certera de cuál pudo ser el distintivo utilizado por la VIIII Hispana, es posible que éste fuera el del toro, un animal asociado con la diosa Venus, el ancestro legendario de los Julios, el linaje al que pertenecía Julio César, el fundador de la legión.




La conquista de Britania

La legión VIIII partió de Panonia hacia el año 42-43 d.C., para unirse a las fuerzas que el emperador Claudio estaba reuniendo con el objetivo de iniciar la conquista de Britania.
El mando de este ejército de invasión fue concedido a Aulo Plautio, hasta entonces gobernador de la provincia de Panonia, por lo que escogió esta legión para acompañarle hasta su nuevo destino.

Esta campaña de conquista de Britania so supuso un gran reto para las tropas romanas, ya que el principal objetivo no era apoderarse de toda la isla sino, más bien, acabar con el poderío de la tribu de los trinovantes, situada en la costa oriental britana, cuya actividad antirromana llegó a amenazar, incluso, el territorio romano continental.

La VIIII Hispana fue una de las cuatro legiones, junto a la II Augusta, la XIV Gemina y la XX Valeria Victrix, que participó en esta primera fase de la conquista de Britania, aunque también actuó en las siguientes campañas de consolidación y ampliación del dominio romano.

En el año 60 d.C., el poder romano en Britania sufrió un importante revés con la rebelión de la reina Boudica (60-61 d.C.), alzamiento provocado, entre otras razones, por la pésima gestión de la administración romana en la isla. Boudica era la viuda de Prasutago, rey de la tribu britana de los icenos, pueblo aliado de los romanos. Al morir su esposo sin descendencia masculina, los romanos se negaron a reconocer los derechos de su viuda y de sus hijas al trono iceno. El despiadado trato recibido hacia ellas llevó a Boudica a rebelarse contra el poder romano, insurrección a la que se sumaron tribus vecinas como la de los trinovantes, muy sometidos, pero no erradicados, y con ganas de venganza.

La legión VIIII Hispana fue la primera que luchó contra los rebeldes britanos, enfrentamiento en el que sufrió fuertes bajas, llegando a perder hasta 2.000 hombres, tras lo cual tuvo que retirarse a su campamento base en Lincoln (Lindum).
Los rebeldes fueron finalmente derrotados por las fuerzas romanas cerca de la ciudad de Londres (Londinium), tras lo cual la provincia fue nuevamente pacificada.
Las bajas sufridas por la VIIII Hispana fueron reemplazadas con legionarios provenientes de las guarniciones establecidas en las provincias germanas.


Pero a la muerte de Nerón, en el año 68 d.C., todas las legiones destinadas en Britania se vieron afectadas por los enfrentamientos militares posteriores.
Cuatro fueron los emperadores que se sucedieron en Roma en menos de un año (Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano).
Las tres legiones estacionadas en aquellos momentos en Britania contribuyeron con contingentes de pequeñas cantidades o vexillium (“bandera”, unidad romana de rango menor a una legión y que tenía carácter temporal), para engrosar en el ejército de Vitelio para enfrentarse primero a Otón, su rival en Italia, y más tarde a Vespasiano.
Aunque fue éste último el que acabó imponiéndose a los otros candidatos, tras lo cual resultó nombrado nuevo emperador en el año 69 d.C.

Durante el periodo de gobierno de Vespasiano (69-79 d.C.), la VIIII Hispana participó, junto al resto de las legiones establecidas en Britania, en el nuevo avance hacia el norte y el oeste de la isla, sometiendo los territorios de las actuales Gales y parte de Escocia, aunque ésta última tan solo temporalmente.
Esta nueva subcampaña militar obligó hacia el año 70 d.C. a la VIIII Hispania a reemplazarse, abandonando su campamento base de Lindum (Lincoln) y estableciéndose en Eburacum (York).

Entre los años 79 y 96 d.C., el interés por Britania decayó durante los reinados de sus de Vespasiano, Tito (79-81 d.C.) y Domiciano (81-96 d.C.).
El nuevo interés de Roma era el de reforzar la defensa y consolidación de la frontera del Rin.
Para ello, ya en el año 83 d.C., el emperador Domiciano reclamó importantes contingentes de la legión VIII Hispana para luchar en Germania contra los catos, a los que venció en ese mismo año.
Más tarde se sumaron nuevas “vexilaciones” suministradas para hacer frente a la constante amenaza en las fronteras del Rin y del Danubio, movimiento que incluyó el traslado de la legión II Adiutrix desde Britania en el año 87 d.C.


La incertidumbre del final de la VIIII Hispana

La última noticia que se tiene de la presencia de la VIIII Hispana en Britania, es del año 107-108.
Ésta no es otra que una inscripción hallada en Eburacum (York), que informa de la participación de la legión en la reconstrucción de una de las puertas del campamento en el que estaba asentada.

Y es a partir de esta fecha que se pierden las inscripciones sobre la legión.
Solo algunos datos dispersos nos indican que la unidad siguió unos pocos años más, aunque no sin esclarecer que le pasó.
Además en la inscripción del año 162 d.C. (ILS 2288; CIL VI 3492, A, B.), en la se enumeran las 28 legiones en activo en esos momentos, y su ubicación, ya no aparece la VIIII Hispana.

Esta desaparición en los registros oficiales romanos de la VIIII Hispania, ha generado un gran interés entre los historiadores de la época, ha suscitado la creación de literatura y películas que hacen referencia a esa desaparición de una forma más o menos romántica, en busca de un final épico para la “legión perdida”.

A principios del del siglo XX, el historiador y arqueólogo británico Francis J. Haverfield lanzó la hipótesis de que la legión VIIII Hispana podría haber sido destruida o disuelta tras algún desastre militar acaecido en el norte de Britania o incluso en Escocia ( F. J. Haverfield, The Roman Ocupation of Britain, Oxford, 1924.).
Esta hipótesis es la base sobre la que desarrolla la escritora Rosemary Sutcliff en la novela que escribió sobre el tema (El Águila de la novena legión, 1954).


Águila de bronce hallada en las excavaciones arqueológicas en la ciudad de Silchester.

Sutcliff utiliza esta hipótesis, conocedora del descubrimiento, en el siglo XIX, de un águila de bronce en las excavaciones arqueológicas en la ciudad de Silchester.
Un poco más tarde de la primera edición del libro, en el año 1955, el arqueólogo e historiador Ian Richmond también aportó otra hipótesis en la que la VIIII legión Hispana fuera disuelta por Adriano durante su visita a la provincia britana en el año 122 tras haber sufrido la unidad diversas derrotas.

 

Datos históricos del posible final de la VIIII Hispana

Uno de los primeros escenarios donde se ubica el final de la legión VIIII Hispana es en la propia provincia de Britania.
Allí se produjo, durante los años iniciales del reinado de Adriano (117-119) cierta agitación de la que no estamos muy bien informados.
Sería, con esta hipótesis donde la VIIII Hispana hallaría su fin al ser derrotada por los britanos en el norte de la isla, aunque no se dispone ninguna prueba de ello.
Es por esta inseguridad por la que en el año 122 d.C. se inicia la construcción del muro de Adriano.

Pero una nueva evidencia nos situa a la VIIII Hispana a partir del año 108. Un mortero (mortarium) hallado en Holdeurn, cerca de Nimega, (la antigua ciudad de Noviomagus) en el este de los Países Bajos, que posee un sello de la legión VIII Hispana, así como dos tejas estampadas con una inscripción parecida a la anterior halladas en la propia ciudad de Nimega, un altar dedicado a Apolo erigido por el prefecto de la VIIII Hispana hallado en la ciudad alemana de Aquisgrán, así como una inscripción anónima de un tribuno de la legión VIIII que sirvió en ella estando ésta asentada en la Baja Germania y diversas inscripciones de oficiales que sirvieron en la legión en años posteriores al 120 d.C.
La datación de algunos de estos hallazgos, al menos de aquellos con una cronología más segura, ha puesto en duda la destrucción o disolución de la unidad en una fecha anterior al 120s.C.
Si esto fuera cierto tiraría por tierra la idea de la destrucción de la legión en Britania durante los primeros años del reinado de Adriano (117-119).

Otros datos epigráficos han puesto en duda este final de la legión. Entre ellos se hallan las carreras militares y políticas (cursus honorum) de diversos oficiales que sirvieron en la VIIII Hispana en fechas posteriores. He aquí la información que poseemos sobre ellos:
L. Emilio Caro, tribuno laticlavii (o primer tribuno) de la legión a mediados de la década de los años 20 del siglo II.
L. Novio Crispino, laticlavii que sirvió en la legión no antes del 130 d.C.
Annio Sextio Florentino, legado de la VIIII en el año 123 d.C.
M. Cocceio Severo, que sirvió como primipilo (el centurión de la primera centuria de la primera cohorte de una legión romana) de la unidad hacia el año 126 d.C.

Otra hipótesis es que con la rebelión judía de Bar-Kokhba, enfrentamiento conocido como la II Guerra judeo-romana (132-135), el emperador Adriano estuvo obligado a desplazar unidades militares de otras provincias para hacer frente a los rebeldes, otorgando la dirección de las operaciones al hasta ese momento gobernador de Britania Julio Severo.

Algunos historiadores defienden la hipótesis de que la VIIII Hispana pudo partir en el año 134 hacia Judea junto con el gobernador de la provincia, en la que tras sufrir numerosas bajas la unidad sería disuelta.
Sin embargo, aunque el traslado de Julio Severo sí que está documentado por las fuentes, no pasa lo mismo con la posible marcha de la VIIII Hispana. A esto se le debe sumar que a la llegada de Julio Severo a Judea en el año 134, los rebeldes judíos estaban demasiado debilitados para hacer frente al contingente militar romano y, mucho menos, para infligirle una derrota fatal a una legión.

Una nueva hipótesis sobre el final de la VIIII Hispana cogió fuerza tras el descubrimiento en el año 1972 de un diploma militar datado el 8 de febrero del año 161 d.C. durante el consulado de Quinto Numisio Junior.
Este cónsul se creyó que era el mismo que el conocido por otra inscripción con el nombre de Q. Camurio Numisio Junior, del cual sabemos que fue tribuno de la legión VIIII Hispana, aunque no los años exactos en los que ejerció este cargo.
Esta hipótesis ha llevado a los historiadores a buscar un nuevo escenario temporal adecuado para ubicar el final de la legión, esta vez entre el año 140, data fijada con el cursus honorum de Numisio Junior, y el 162 d.C., fecha de la inscripción de Marco Aurelio. Este nuevo escenario se ha situado en el desastre de Elegeia (Armenia) del año 161, donde, según Dión Casio una legión romana fue destruida a manos de las tropas partas dirigidas por el general Cosroes.


Aun así, la única certeza que se tiene es que la legión VIIII no fue destruida ni disuelta en Britania en época del emperador Adriano, en el año108, aunque si sabemos que ya no estaba en activo en el año 162, ya que no aparece en la famosa inscripción al inicio del reinado de Marco Aurelio.

Referencia:

Imágenes:

jueves, 9 de agosto de 2018

[Historia] Castigos y recompensas en la legion romana.



Los legionarios romanos, siempre ciudadanos romanos, conservaban en tiempos de paz un alto grado de libertad ante sus oficiales.
Pero en tiempo de guerra, se encontraban sujetos a una obediencia ciega, y sometidos a terribles castigos en caso de desobediencia.

Los castigos se pueden dividir según su gravedad.
Los castigos leves, como llegar tarde a la formación o llevar el uniforme sucio o en mal estado, recibían castigos humillantes, como realizar guardias suplementarias o recibir cebada en vez de trigo para su alimentación.
En ocasiones, se obligaba al reo a pasar todo el día ante la puerta del campamento, vestido solo con una túnica, sin armas y llevando solo un puñado de hierba en la mano.
El encargado de aplicar los castigos físicos era el centurión. Su emblema era un bastón de madera de vid, que le otorgaba el derecho a golpear a ciudadanos romanos.


Otros castigos leves eran de tipo económico: multas y retrasos en los pagos al legionario, degradación y cambio de unidad, un legionario podía ser trasladado a una unidad auxiliar, con el descenso de paga y prestigio que eso suponía.
El responsable de la detención de un legionario culpable de un delito menor era el stator, ayudado por el quaestionarius, encargado de aplicar la tortura.

Si una unidad entera, una cohorte o una centuria desobedecía, también se le aplicaba colectivamente el castigo de dormir fuera del campamento, o se les alimentaba solo con cebada.

Faltas mas graves, como dormirse en una guardia o tratar de desertar, se castigaban con una paliza o fustuarium, aplicada por los propios compañeros.


Fustuarium

O con prisión, aunque en tiempos de guerra se aplicaba la pena de muerte.
La pena individual más grande era para quienes huían de campo de batalla o perdían el estandarte del águila. Entonces el legionario era expulsados con deshonor y perdían todos sus emolumentos acumulados.

Antes de Trajano, el peor castigo colectivo  era la decimatio,
Si una unidad retrocedía sin motivo ante el enemigo, se escogía a uno de cada diez legionarios y se le mataba a palos o a pedradas, ante la vista de sus compañeros.


 Decimatio.

Por un lado está el castigo, pero también había recompensas.

Los oficiales podían recompensar a los buenos legionarios con ascensos y condecoraciones, lo que se conoce como dona militaría.
Se podía obtener un ascenso dentro de la misma unidad, por ejemplo, pasar de ser signifer a aquilífer, cambiar de unidad, pasar de una unidad auxiliar a una cohorte legionaria, o incluso ascender en el escalafón, pasando de simple legionario a centurión o duplicarius, que recibía el doble de la paga básica.
En ocasiones, el buen comportamiento se recompensaba con la dispensa de realizar tareas rutinarias, temporalmente o durante todo el tiempo de servicio en el ejército, pasando a ser inmunis.
No hacían guardias, no iban a por agua, no limpiaban el campamento, etc,
En ocasiones especiales, los soldados recibían del emperador recompensas en oro o plata.

Las condecoraciones podían dividirse en dos tipos, según se entregaran a simples soldados o a oficiales.
A los soldados se les entregaban como recompensa por una hazaña (ob uirtutem) una especie de medallas (phalerae ) collares (torques )o brazaletes (armilla ).
Las phalerae se concedían en grupos de nueve o de siete, eran discos metalicos decorados con cabezas de león, o cabezas de dioses y espiritus del inframundo, que se colocaban sobre un arnes de correas de cuero.


Phalerae.

Torques y armilla eran piezas de origen bárbaro, con los que el ejército romano había tomado contacto durante los años de expansión romana.
Celtas, escitas y persas llevaban collares como adornos o símbolos de su rango. El origen del uso de estas piezas por los romanos se remonta a la invasión gala del 361 a.c., cuando en la batalla del rio Anio, un enorme guerrero galo se enfrento en un combate singular a un soldado romano, Tito Manlio.


                                                                      Tito Manlio.

Tito Manlio derroto al galo, y solamente despojo al cadáver de una cadena que portaba alrededor del cuello. A partir de entonces, la familia Manlio adopto el sobrenombre de torquatus y el torque (collar) como símbolo de la familia.
                          Moneda conmemorativa de la familia Manlio Torquatus.

Para los primeros romanos, llevar brazaletes (armilla) era un signo de afeminamiento, ya que los brazaletes eran portados exclusivamente por mujeres. Solo los hombres que hubieran ganado un brazalete en batalla solían llevarlos. Solo tras contactar con tribus bárbaras, el uso del brazalete como elemento decorativo se extendió entre los romanos.
Como excepción, y como premio destinado a quien mostraba un valor extraordinario, se  concedían coronas. Estas coronas eran de distinto tipo, según la hazaña realizada. Coronas “muralis” para quien asaltaba un muralla en primer lugar, coronas “cívicas” para quien salvaba la vida de algún importante ciudadano romano, coronas “navalis“ por un éxito marítimo, etc.
A los oficiales no se acostumbraba a recompensarlos por una hazaña aislada, sino por su participación en una campaña (o incluso en alguna de las guerras civiles).
Se tenía derecho a coronas, estandartes de caballería (vexillum) y hasta pura (lanzas ceremoniales), cuyo número variaba sobre todo dependiendo del cargo que ocupaba el premiado dentro de la jerarquía del ejército.

En cada tumba de cada soldado romano encontrada, se puede distinguir que condecoraciones obtuvo durante su vida militar:
Por ejemplo, tumba de Sixto Vibio Galo, encontrada en Bitinia
Se puede ver un estandarte, cinco lanzas ceremoniales, una corona aurea y dos coronas muralis.

O la tumba de Cayo Alio Omoriens, en Vindonissa.
Se pueden ver 3 coronas aureas, dos torques,2 armilla y un phalerae de 9 piezas.

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